Sobrevivir a la FP Online de Sanidad y Emergencias: Guardias, EdTech y Cómo Organizarte sin Perder la Cordura
Aquí estamos otra vez. Otro inicio de curso, otro bucle infinito. Sigo haciendo malabares entre el caos de las emergencias prehospitalarias —sí, ese maravilloso ecosistema donde el ciudadano medio descubre que las 4:00 AM es la franja horaria óptima para llamar al 112 por un dolor de uña que empezó en el Pleistoceno— y mi otra vocación: intentar que mis alumnos de Formación Profesional no sufran un pantallazo azul de la muerte mientras intentan aprender.
Este año, el algoritmo de la consejería me ha asignado un crossover que ríete tú del multiverso. Tengo la misión (y la consiguiente fuga de RAM mental) de impartir clase a un grupo digno de una partida de rol: los estrategas del Técnico Superior en Coordinación de Emergencias y Protección Civil, los francotiradores de fotones del Técnico Superior en Imagen para el Diagnóstico y Medicina Nuclear, los guardianes del big data clínico del Técnico Superior en Documentación Sanitaria, y la infantería pesada del Técnico en Emergencias y Protección Civil. Una fauna tan variopinta que la cantina de Mos Eisley a su lado parece la sala de espera de un pediatra privado.
LA modalidad online
Como gran parte de esta locura se imparte en modalidad online, y como alguien que lleva años trasteando con el EdTech, os voy a hacer un spoiler masivo: Moodle huele el miedo. En la educación a distancia, la motivación es un mito para amateurs; lo que os va a salvar es la disciplina. Si no os organizáis, la procrastinación os va a hacer un ataque DDoS en el cerebro. La planificación no es una sugerencia cuqui para apuntar con bolis de purpurina; es la armadura de Beskar que os protegerá del estrés. O domináis vuestro calendario, o el calendario os domina a vosotros.
Y como parece que mi sistema endocrino no segrega suficiente cortisol con las guardias de 24 horas y mi frikismo terminal por meter la Inteligencia Artificial en el entorno sanitario, he decidido subirle la dificultad al videojuego de mi vida. Así que me he matriculado como alumna en el Técnico Superior en Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma (DAM). Porque, sinceramente, ¿quién necesita dormir sus ocho horas cuando puedes estar debuggeando código en Java a las cinco de la mañana, con el uniforme de la ambulancia aún puesto tras una RCP? Mi fe (casi dogmática) en que la IA va a salvar la sanidad pública me ha empujado a este abismo. Que San Stack Overflow me proteja.
Si nos ponemos un poco filosóficos, el viejo Marco Aurelio ya lo dejó claro en sus Meditaciones: «Lo que se interpone en el camino, se convierte en el camino». Una idea muy estoica y, si lo pensáis, extremadamente mandaloriana. Vivimos en una entropía constante, intentando parchear un sistema que siempre parece a punto de colapsar. Buscamos la calma total, pero os prometo que la ausencia absoluta de picos y valles es lo que en la ambulancia llamamos asistolia, y creedme, no es el objetivo vital de nadie.
El verdadero sentido de todo esto está en la fricción.
En la belleza de intentar ordenar el caos. Ya sea estabilizando a un paciente crítico a pie de cuneta, diseñando un entorno virtual de aprendizaje que no dé ganas de llorar, o compilando un programa sin que te salten trescientos errores de sintaxis, al final nos pasamos la vida intentando arreglar el mundo de los demás para, en el fondo, reprogramarnos a nosotros mismos.
Bienvenidos al nuevo curso. Preparaos el café en vena, ajustaos los cascos, verificad el ancho de banda y, por lo que más queráis, no dejéis las entregas para las 23:58h.
Este es el camino. Nos vemos en las trincheras… o en el campus.
Deja una respuesta