El modelo BANI y el Covid-19
Hoy no vengo con el discurso motivacional barato de los aplausos. Vengo a hablaros de la realidad pura y dura bajo un modelo que explica por qué todo parece estar rompiéndose: el modelo BANI. Si el mundo ya era difícil, ahora es, sencillamente, incomprensible.
Aquí va mi testimonio de lo que vivimos entre sirenas y paredes de hospital, y por qué no hemos aprendido nada:
1. Fragilidad (Brittle): El sistema era de cristal, no de acero
Nos vendieron la moto de que teníamos la mejor sanidad del mundo, pero el modelo BANI nos dio una bofetada: éramos Frágiles. Un sistema es frágil cuando parece sólido pero colapsa por un solo fallo. En 2020, el fallo fue no tener lo básico. ¿Os acordáis de cuando nos hacíamos delantales con bolsas de basura?. Ayudar a los demás nos costó la vida de compañeros que se contagiaron por una falta de mascarillas que clama al cielo. Fue un colapso sistémico donde la falta de previsión y de canales de respaldo nos dejó desnudos frente al virus.
2. Ansiedad (Anxious): El peso de decidir quién vive
La Ansiedad en este nuevo mundo no es solo estrés, es la impotencia ante la incertidumbre total. Nada define mejor esto que el triaje en pandemia. Como enfermeros, tuvimos que decidir quién tenía prioridad para vivir porque no había respiradores para todos. Eso no es «gestión administrativa», es una carga psicológica que te destroza. Apagar un respirador y ver cómo una vida se apaga no tiene vuelta atrás. La sobrecarga de protocolos que cambiaban cada tres horas solo servía para que tuviéramos más miedo a equivocarnos.
3. No Linealidad (Non-linear): Un error aquí, una catástrofe allí
En un entorno No Lineal, la causa y el efecto están desconectados. Una decisión logística tomada en un despacho a cientos de kilómetros determinaba si en mi ambulancia tenía protección real o un trozo de tela quirúrgica que no servía para nada. En sanidad, si no documentamos el «porqué» de lo que hacemos, no entendemos el impacto real de nuestras acciones. Un pequeño fallo en la información hoy puede ser el desastre absoluto mañana.
4. Incomprensibilidad (Incomprehensible): Nadar en datos que no dicen nada
Finalmente, la Incomprensibilidad. Intentábamos buscar respuestas lógicas en montañas de datos, pero nada tenía sentido. Las cifras de fallecidos se convirtieron en números abstractos, y perdimos de vista la humanidad detrás de cada dato. Como experta en tecnología, os digo que de nada sirve tener mucha información si no sabemos filtrarla y convertirla en algo útil para salvar vidas.
Decía el filósofo Séneca que «no es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho». Y en sanidad, hemos perdido demasiado tiempo romantizando el sacrificio. Observo con un sarcasmo doloroso que hemos vuelto a la «normalidad» con la memoria de un pez dorado. No se ha hecho casi nada para estar listos si esto vuelve a estallar; seguimos parcheando sistemas frágiles con la buena voluntad de la gente.
Pero escuchadme bien, porque esto va para los que gestionan y para los que están por venir: la vocación no es un cheque en blanco para vender la vida de los profesionales al por mayor. Se acabó eso de usar nuestra entrega como escudo para tapar la falta de inversión y de equipos de protección. Durante la pandemia, la explotación se disfrazó de heroísmo, pero no somos héroes de cómic; somos seres humanos de carne y hueso que vieron morir a sus propios compañeros por una gestión negligente.
No aceptéis que la «necesidad del servicio» justifique la precariedad. Si no aprendemos a exigir sistemas de información robustos, canales de comunicación redundantes y, sobre todo, respeto por nuestra integridad física y mental, estamos condenados a repetir el desastre. El sistema no puede sostenerse sobre el agotamiento crónico y la explotación de quienes cuidan. Si la sanidad no cuida a sus sanitarios, no es sanidad, es una fábrica de bajas laborales y traumas.



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