Mis más sinceras condolencias a los familiares y seres queridos de las víctimas del accidente en Adamuz. En momentos como este, las palabras parecen insuficientes frente a la pérdida, pero desde el respeto más profundo, no podemos dejar que el silencio oculte la necesidad de analizar qué está fallando.
A ver, dejemos algo claro antes de empezar: hablo desde mi posición comoprofesora en el Ciclo de Técnico Superior en Coordinación de Emergencias y Protección Civil. Mi mundo se mide en análisis de riesgos, en protocolos de actuación y en esa convicción casi religiosa de que, si no cuidamos el hardware, el software acaba colapsando de la peor manera posible.
Como docente del módulo de Evaluación de Riesgos y Medidas Preventivas, no puedo evitar mirar las noticias sobre Adamuz con una mezcla de deformación profesional, sarcasmo ácido y esa perturbación en la Fuerza que sentimos los que sabemos que el mantenimiento preventivo en este país se está convirtiendo en un mito digno de las Crónicas de la Antigua República.
El deterioro que todos vemos (pero nadie "mira")
Como sabéis, por mi labor docente y profesional, mi vida es un trasiego constante en el corredor hacia Madrid. Y seamos honestos: hace tiempo que viajar en Renfe ha dejado de ser una experiencia de «tecnología punta» para convertirse en un ejercicio de estoicismo clásico.
Cualquier usuario habitual nota las vibraciones extrañas, los frenazos injustificados y esa sensación de que estamos estirando el chicle de la infraestructura hasta que, inevitablemente, se rompe. Como decía Séneca: «Nadie se equivoca solo para sí mismo, sino que esparce su locura entre los vecinos». En nuestro contexto, la «locura» es ignorar que el mantenimiento no es un coste que recortar, sino el pilar que sostiene la vida de miles de personas.
El Mantenimiento como Mitigación
En clase siempre os doy la tabarra con la fórmula fundamental que debéis tatuaros:

Donde R es el Riesgo, P la Peligrosidad, V la Vulnerabilidad y E la Exposición.
En el sector ferroviario, la Peligrosidad (P) no es un evento místico; en riesgos tecnológicos, la probabilidad de un fallo técnico aumenta drásticamente cuando se ignora el mantenimiento. El Mantenimiento Preventivo es una actuación de mitigación. Como bien decimos en el módulo, es el «código limpio» que evita que la vulnerabilidad de la infraestructura sea explotada por el uso diario. Si tu armadura de Beskar está llena de grietas por falta de forja, no culpes al destino cuando el primer impacto sea fatal.
Cultura Preventiva vs. Resiliencia de "Guerrilla"
Es fundamental que, como futuros técnicos, no confundáis estos términos:
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Cultura Preventiva: Se basa en la defensa en profundidad. Múltiples niveles de barreras. Si falla el mantenimiento (barrera 1), debería haber sistemas de control (barrera 2). Confiar solo en la «suerte» es romper con la jerarquía de seguridad que estudiamos.
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Resiliencia: El temario la define como la capacidad de adaptarse. Pero ojo, una resiliencia basada en la «guerrilla» o la improvisación denota un fallo absoluto en la planificación. Una comunidad resiliente fortalece sus capacidades técnicas antes de la crisis, no se limita a sobrevivir al impacto por puro aguante.
Cuando hablo de que «el acero cede por falta de cariño técnico», me refiero a la vulnerabilidad estructural. En infraestructuras críticas, un fallo en un elemento puede generar un efecto dominó, donde el accidente inicial desencadena una cascada de fallos que amplifican la gravedad. No es «mala suerte», es física y falta de previsión.
Como friki de la EdTech y la IA, me duele ver que no aprovechemos lo que vemos en la Unidad 1. Los Sistemas de Información Geográfica (GIS) y los sensores predictivos permitirían pasar de una gestión reactiva a una gestión predictiva. Monitorizar el estado de las vías en tiempo real permitiría identificar el fallo antes de que se cruce el punto de no retorno.
Efectivamente, como sociedad estamos abusando de nuestra capacidad de improvisación. Como profesionales, nuestro deber es recordar que la seguridad es un imperativo ético. La «resiliencia de guerrilla» que practicamos es una gestión de emergencias que opera sin el respaldo de la prevención, lo cual aumenta exponencialmente el riesgo.
No podemos esperar que la «suerte» sea nuestra única medida de seguridad. Porque, aunque este sea el camino (This is the way), si las vías no están a la altura, el camino termina en tragedia.
Vuelvo a reiterar mi más sentido pésame a los familiares de los fallecidos. Que este dolor sirva, al menos, para que la prevención deje de ser la asignatura que siempre dejamos para septiembre.



